Educazione Nuova e Scuola Attiva in Europa all'alba del Novecento. Modelli, temi, figure - Catania, 25, 26, 27 marzo 2010

Las Reales Sociedades Economicas de Amigos del Paìs y la educación [Abstract]

Prof.ssa M.C. Calderón España - Università di Siviglia


Las Reales Sociedades Económicas de Amigos del País nacieron en el último tercio del siglo XVIII con la intención de fomentar la economía española, pero fueron algo más: constituyeron un núcleo de recepción de ideas innovadoras y de difusión de las mismas. En estas ideas la educación goza de una atención muy destacada. Tienen como objetivos el desarrollo económico, industrial, agrícola, científico y educativo de la región respectiva. El optimismo ilustrado consideraba la educación como la panacea de las soluciones económicas sociales y políticas.

Ese espíritu se reflejaba el cultivo de las ciencias útiles, en la atención a todos los problemas de la enseñanza y de la educación y en el estudio y aplicación de los principios económicos, es el que dio lugar a los Amigos del País e hizo que su actividad dejara un legado provechoso en su tiempo.

Fomentan entre sus miembros la lectura de las obras científicas del momento, tanto españolas como extranjeras en las que, de algún modo, basarían sus acciones. A través del estudio y del propósito de poner en práctica las novedades en el ámbito económico y social, estas Sociedades se convierten en el grupo innovador más importante del momento con respecto a la sociedad, la cultura y la economía del país.

El impulsor de la fundación de estas Corporaciones fue Campomanes. La influencia de este ministro en la transformación que sufrió España en tiempos de Carlos III fue enorme: gran parte de las leyes promulgadas en este reinado sobre materias económicas, sociales o eclesiásticas, están inspiradas por él. En su "Discurso sobre la educación popular de los artesanos y su fomento" en relación a la importancia que tiene la educación, afirma que es una de las columnas por medio de las cuales se sostiene la monarquía.

Consideran la mayoría de los historiadores expertos en este período a la Sociedad "Bascongada" de Amigos del País, como precedente de las Económicas.

Una de las primeras en organizarse formalmente, después de la bascongada, fue la de la capital del reino (30-V-1775) y la primera que obtuvo la aprobación real (6-VI-1775).

En el último cuarto del siglo XVIII la mayor parte de las ciudades más importantes de España, además de muchas villas y pueblos grandes, tenían una Sociedad Económica. La mayoría de las Reales Sociedades solicitaron su fundación antes de 1808, fecha crucial en la Historia de España. Llegaron a organizarse 98, 32 de las cuales eran andaluzas. Más tarde, durante el siglo XIX aparecieron otras, por ejemplo las de Barcelona , Cádiz y Badajoz.

En el último cuarto de siglo, la mayor parte de las ciudades más importantes de España, además de muchas villas y pueblos grandes, tenían una Sociedad Económica. Muchas de ellas decayeron pronto y otras tantas terminaron su andadura en 1808 debido a los acontecimientos políticos.

Ya en el siglo XIX cambia el marco institucional de las Económicas que desembocará en el R. D. de 9 de junio de 1815, por el que el rey Fernando VII ordena establecer inmediatamente Sociedades Económicas en todas las capitales de provincia donde no la hubiese y que se restablecieran las desaparecidas o decaídas.

En 1820, con la restauración del régimen constitucional, vuelven la animación y la resonancia a las Sociedades Económicas hasta que el Gobierno absolutista impuesto en 1823, lleva de nuevo a la paralización de las acciones de aquellas, hasta el punto de correr peligro de disolución. Entre 1823 y 1830, el decaimiento de las Económicas superó a cuanto se podía temer sobre este particular. El 18 de mayo de 1834, se dicta una R.O. que recomienda ‑como ya ocurriera en 1815‑, la existencia de las Sociedades Económicas para el "desarrollo y progreso de la riqueza pública en todos los pueblos", donde se reunieran suficiente número de "Amigos" para constituirlas e incita a los gobernadores de las provincias a que promuevan su aparición y apoyen su labor utilísima.

La revolución de 1868 las empuja a promover diversas asociaciones libres de carácter económico y social a nivel local. La Constitución de 1869 quitó importancia a las posibles divisiones políticas de los Amigos del País al proclamar las libertades absolutas de imprenta, reunión y asociación.

Con la Restauración borbónica, estas entidades recibieron un gran impulso. La Constitución de 1876 en su artículo 20 establecía la representación senatorial de diversas corporaciones del Estado. La Ley Electoral del Senado de 8 de febrero de 1877 les da mucha importancia considerándolas comprendidas entre las Corporaciones que tenían derecho a designar Senadores. Con arreglo a esta ley las Sociedades Económicas deberán elegir cinco senadores para lo cual, entre todas las que existen en la península forman igual número de colegios, cuyas capitales son Madrid, Barcelona, León, Sevilla y Valencia.

La vida de las Sociedades Económicas a finales del XIX fue languideciendo por las causas que hemos apuntado anteriormente: el Gobierno fue haciéndose cargo de los asuntos de enseñanza, agricultura, comercio, etc., que antes eran patrimonio de estas asociaciones.

ACTIVIDADES DE LAS REALES SOCIEDADES ECONÓMICAS

Para conseguir las funciones que, según Campomanes, debían cubrir las Sociedades Económicas hemos visto que señala el Fiscal una serie de actividades concretas y uniformes a realizar en todas las Corporaciones, ya que, como su organización, vienen determinadas por sus Estatutos, aunque las realización de las tareas estuvo condicionada por los recursos económicos de que cada una pudo disponer. Estas actividades se concentraron en las áreas de educación, agricultura, comercio, industria, beneficencia, distribución de premios, publicación de los trabajos realizados, creación de bibliotecas, etc.

Sólo vamos a referirnos a las actividades pedagógicas desarrolladas durante los siglos XVIII y XIX - aunque su desarrollo fue bastante distinto, pero también su distinción excede de la perspectiva de este trabajo-, porque la misión educativa de estas Corporaciones languidece, ya que a partir de la promulgación de la Ley de Instrucción Pública de 9 de septiembre de 1857 -la llamada Ley Moyano-. Las aportaciones particulares pierden importancia por la norma recogida en la citada ley, por la cual únicamente tendrían validez académica los estudios realizados en establecimientos públicos, necesitando una autorización especial cualquier establecimiento educativo privado.

TAREAS EDUCATIVAS

La inclinación de los Amigos del País por las cuestiones educativas en general estuvo en todo momento bien patente ya que el optimismo ilustrado consideraba la educación como la panacea de las soluciones económicas, sociales y políticas. Los ilustrados estimaban que cuando "las luces" iluminaran a cada uno de los individuos, toda la sociedad se transformaría. Como muestra podemos nombrar a Jovellanos que, en el discurso que pronunció en la apertura del Real Instituto asturiano, aseveró: “Para hacer a los hombres felices es preciso ilustrarlos”.

Todas las Sociedades consideraron la enseñanza como “principal objeto de su instituto”. No se ocupan de las disciplinas meramente especulativas, de ahí el escaso interés de los Amigos del País por las materias impartidas en las Universidad, por el contrario están en primerísimo plano las enseñanzas prácticas.

La lista de las realizaciones pedagógicas que promocionaron en diferentes lugares los Amigos del País rebasa la posibilidad de su enumeración en este trabajo. Sería necesario una investigación que abordase con mayor profundidad el tema, por lo que aquí sólo apuntamos algunos ejemplos.

ESCUELAS PATRIÓTICAS DE HILADOS, ENSEÑANZA DE LAS PRIMERAS LETRAS, CÁTEDRA DE IDIOMAS, AGRICULTURA, LATÍN, COMERCIO, BOTÁNICA Y QUÍMICA, ARTES Y OFICIOS, TAQUIGRAFÍA, GRAMÁTICA, MÚSICA, ECONOMÍA POLÍTICA, ETC.

CONCLUSIÓN

Después de todo lo expuesto podemos concluir diciendo que las Reales Sociedades Económicas dieron gran importancia al problema educativo y prestaron una extraordinaria ayuda a los Gobiernos en este campo, pues aunque en el reinado de Carlos III ‑en que aparecieron las Económicas‑ la educación era un tema prioritario en su política y los sucesivos gobernantes que siguieron al nombrado monarca en nuestro país, promulgaron multitud de Reales Provisiones, leyes o decretos referidos a este campo, carecía el Estado de la suficiente infraestructura para llevarlos a cabo y se apoyaron para ello en asociaciones de distintos tipos, entre las que se encuentran las Reales Sociedades Económicas, quienes realizaron variados informes detallados sobre la enseñanza pública en diversas ocasiones durante la última mitad del siglo XVIII y todo el XIX. Igualmente ocurre con los distintos Reglamentos y "memorias" pedagógicas.

Las Reales Sociedades Económicas de Amigos del País, a pesar de contar en su mayoría con escasísimos medios materiales, se empeñaron en difundir la educación, principalmente entre los que nunca hubieran podido asistir a una escuela. Preocupadas por el problema de la educación infantil y de los obreros jóvenes, intentan paliarlo con la creación de escuelas, diurnas para los primeros y nocturnas para los trabajadores.

Creemos que las Reales Sociedades Económicas se han hecho merecedoras de la atención y el respeto que la Historia les tributa, en la medida que dieron cumplimiento a las exigencias que se impusieron a sí mismas por voluntad de sus fundadores.

El balance que podemos hacer de la obra de las Sociedades Económicas es positivo. Sirvieron de cauce en el siglo XVIII para hacer más eficaces los deseos de la política reformista de los Borbones. Formularon grandes proyectos, asesoraron e informaron, aunque a veces no llegaron a grandes logros. Lo característico de estas Corporaciones, al menos en los primeros años de su vida, fue un espíritu abierto a toda propuesta que viniera de Europa y a la vez innovador: su gran deseo era renovar ciertas estructuras.

Como difusoras de la cultura tuvieron su éxito, aunque habría que hacer una valoración más exacta en cada Sociedad en particular. En general pretendieron una enseñanza profesional productiva y extensiva a la mujer, así como la educación de adultos.

A través del tiempo han recibido numerosas críticas sobre sus actuaciones, la mayoría de ellas injustificadas. Sus proyectos, vistos desde la perspectiva de nuestro siglo, pueden parecer sencillos o anticuados, pero en su momento fueron realmente progresistas. Siempre ayudaron a implantar en España una mentalidad más liberal y en todo momento secundaron los planes ilustrados que las habían originado.